Ernesto Murillo Estrada – La radio no envejece

Extraño la programación y la producción, porque hoy parece haber sucumbido la radio seria para dar paso a las radios tocacintas (las que emiten música chicha, tropical, romántica o rap) y nada de producción. Se ha impuesto el criterio de la radio para hacer dinero o la radio para la propaganda política.

Radio Chuquisaca, Illimani, Nacional, Altiplano, Cóndor, Emisoras Unidas, Nueva América, Fides, San Gabriel… Cito algunas de las emisoras que escuchaba de niño siguiendo las informaciones del día o a algún locutor de voz pastosa y clara. Tal vez por ello tuve la osadía de colocar mi voz frente a los micrófonos de algunas de esas radios mencionadas. Toco este tema porque ahora me entero que el 13 de febrero se recordó el Día Mundial de la Radio.
No puedo pedir que esa costumbre de escuchar alguna radio la sigan mis hijos porque la sociedad de hoy transita de la sociedad de masas a una sociedad de la información y el conocimiento; es más ahora llegó el tiempo de los dispositivos electrónicos. La sociedad de la información implicaba el paso de la sociedad industrial, organizada en torno a la producción masificada de bienes, a una sociedad donde la información era la materia prima y fuente de procesos imprescindibles como el empleo, la salud, la productividad y más.
Los estudios actuales nos revelan que miramos las pantallas de nuestros teléfonos móviles un promedio de 150 veces por día. Es la ventana que nos une al mundo. Su rotura o pérdida puede conducirnos a una fuerte sensación de frustración. Puedo olvidar mi dinero, las llaves de ingreso a la casa, pero nunca el celular. Vivimos enganchados a la red, en una práctica que parece ser bastante adictiva, especialmente cuando se hacen algunos usos de ella como el juego o la interacción. Entonces, qué tiempo tengo para prender la vieja radio colocada en una esquina de la cocina donde la familia almuerza diariamente.
PUEDE VENCER AL TIEMPO
Sin embargo, la radio sigue vigente, las personas mayores se siguen enterando de lo que pasa a su alrededor a través de la radio, sea Panamericana, Fides, Patria Nueva, Centro, El Deber o Kollasuyo. Siempre me gusto el eslogan de Radio Nacional: la voz que vence al tiempo, lo que implica una constante actualización, porque podrán envejecer los locutores, pero no la radio.
Extraño la programación y la producción, porque hoy parece haber sucumbido la radio seria para dar paso a las radios tocacintas (las que emiten música chicha, tropical, romántica o rap) y nada de producción. Se ha impuesto el criterio de la radio para hacer dinero o la radio para la propaganda política.
Se olvidó que el periodismo radiofónico es una forma de comunicación social que permite dar a conocer y analizar los hechos de interés público y, por tanto, el periodismo de radio exige que la información sea difundida de forma clara y concisa, con un texto que esté bien organizado que facilite una lectura sin tropiezos para que el locutor pueda expresar la idea con claridad.
Un experimentado periodista me decía sobre este tema que la palabra ha perdido terreno frente a las imágenes. Es que la palabra del locutor informa, explica, dialoga, hace posible la conversación; el decir y el tono de voz deben estar cargados de emoción con el buen uso de palabras concretas que permitirán despertar imágenes auditivas en la mente del receptor.
PRODUCCIÓN, UNA NECESIDAD
No quiero retroceder en el tiempo, porque me doy cuenta que no se puede concebir a nuestra vida centrados en una sola actividad, sino que necesitamos desplegar diversos roles a la vez, casi todos mediados por la tecnología. Los niños nacidos en la era de las pantallas, suelen ser usuarios inquietos, poco centrados, con atención flotante, porque realizan más de una tarea al mismo tiempo. Leen poco o casi nada. Su vista está más adaptada a los dispositivos electrónico que al papel. Dedican varias horas a los videojuegos y la televisión. Muchos disponen de dispositivos móviles propios como smartphones y tablets. Sus sistemas de entrada instintivos son mucho más audiovisuales que textuales. Son hábiles en el manejo de ordenadores y muchas veces nos asesoran en cuanto al uso de las más disímiles tecnologías.
Frente a esta nueva realidad quiere recordar que la radio no envejece y puede vencer al tiempo si los que están frente a micrófono sean amigos de la previsión, de elaborar una mínima producción porque, una vez que la audiencia ha convertido en un hábito la escucha de un programa específico, que tiene un horario, una estructura y una conducción que la caracteriza, es difícil cambiarla de la noche a la mañana.
No se debe olvidar el colocar trozos de música, para separar secciones o bloques de texto, para pasar de un asunto a otro, que toda programación tiene cortinas musicales, puentes y cierres; hasta un breve silencio es música para los oídos.
Hoy podemos consumir noticias desde muchísimos medios, en el momento en que elijamos, y podemos escoger aquellos que más se adecúan a nuestras expectativas. Fragmentación, virtualidad e instantaneidad se insertan en las formas de mediación con el mundo y la sociedad. Sin embargo, siempre habrá lugar para una buena programación y producción, que tanta falta le está haciendo a la comunicación en nuestro país, porque la radio también educa.

Por Ernesto Murillo Estrada

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