Homenajean a Hilda Reinaga recordando su lucha incansable

Al recordar tres meses del sensible fallecimiento de la filósofa, escritora y defensora de la liberación indianista, Hilda Reinaga (sobrina de Fausto Reinaga), amigos y seguidores de su obra le rindieron un homenaje póstumo en instalaciones del Museo Fernando Montes (MFM), dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB). El emotivo acto contó con la presencia del presidente de la institución, Luis Oporto Ordóñez, el jefe de la Unidad Nacional de Gestión Cultural, David Aruquipa Pérez y la jefa de la Unidad Nacional de Administración y Finanzas, Yussela Goyzueta.

Una fotografía de Hilda en la que sostiene una wiphala, en medio de pajonales y un cielo despejado, con inmensas nubes blancas, se posaba al centro de una mesa. Una manos envejecidas y temblorosas daban la bienvenida a los asistentes al evento. El auditorio, en su mayoría, estaba conformado por personas que llevaban las huellas del tiempo en las canas de sus cabellos, quienes guardaban un silencio absoluto, como símbolo de respeto a aquella mujer cuya vida estuvo marcada por una lucha constante que duró hasta el fin de su vida.

Hilda, sobrina del pensador indianista, pionero en su género, Fausto Reinaga fue quien se encargó de visibilizar la filosofía indígena que tuvo su apogeo durante la revolución de 1952. En ese entonces los suplementos Abril y Rumbo Sindical fueron los únicos que publican artículos referidos al acontecer político y social de esos años. “Pocas bibliotecas tenían sus obras, uno de los pocos suplementos que le dio acogida a su trabajo intelectual lo resguarda el Museo Nacional de Etnografía y Folklore, documentos que forman parte de su legado”, explicó Luis Oporto, durante el homenaje póstumo.

En representación de la Fundación Amaútica Fausto Reinaga, Elizabeth Orihuela hizo una breve reseña sobre la pensadora indianista, contó que nació en 1945 en una comunidad de la provincia Chayanta, Potosí, en el seno de una familia de doce integrantes, de los cuales ocho fallecieron. Debido a la pobreza de su familia se fue a vivir con su tío, Fausto Reinaga de cuya biblioteca quedó deslumbrada, al poco tiempo se convirtió en la transcriptora de sus libros y con los años, en su principal interlocutora.

“Hilda inculcaba en la gente joven el orgullo de su raza, su cultura. Por ello también fue una maestra que me hizo ver la otra cara de mi historia, muchas veces he sido muy censurada por hablar el quechua, pero ella siempre decía que lo importante es el ‘espíritu de la tierra’, ‘somos tierra que piensa’”, sostuvo.

El presidente de la FCBCB, Luis Oporto Ordoñez, recordó que la institución acoge el homenaje como una misión de la institución de abrir las puertas a la sociedad y destacó la iniciativa de la Fundación Amaútica Fausto Reinaga, por mostrar la obra de una de las seguidoras acérrimas del movimiento.

Hilda hizo visible, lo invisible

El homenaje continuó con testimonios que recordaban el trabajo de aquella mujer, cuyo pensamiento y obra se plasmó en su libro Mi llegada a la casa del Amauta que narra las condiciones bajo las cuales colaboró con el intelectual en su producción indianista y en su militancia política.

La historiadora Minerva Coronel contó que aquel libro rememora las anécdotas de la pensadora, al lado de su mentor, también recordó que su trabajo fue más allá de ser difusora y, en sus últimos años, estuvo enfocada en generar nuevas teorías.

“El mejor homenaje que merece Hilda es seguir avanzando en el pensamiento indianista katarista, pero no para figurear, ni sacar dinero, hay que hacer un compromiso verdadero”, agregó.

Otra de las compañeras de la pensadora, Clara Flores, recordó que su colega y amiga sufrió la falta dinero en soledad. “Cuántas veces Fausto e Hilda derramaron lágrimas por la pobreza y el aislamiento, Fausto nunca tuvo miedo de expresar su pensamiento, Hilda con un carácter más suave pudo hacer visible, lo invisible. Ella dedicó su vida a la Fundación para que continúe el pensamiento, tenía muchos proyectos y, con la fundación, vamos a continuar su obra”, expresó.

Ramiro Balderrama historiador cochabambino, contó que, conoció a Hilda hace diez años, durante ese tiempo constató que el papel de Hilda no fue sólo de transcriptora y difusora del pensamiento de Fausto Reinaga, sino que fue decantando en una interpretación particular del indianismo.

“Ahora me siento complacido por haber impulsado la publicación del último libro de Hilda, el cual es un reservorio histórico andante. Esperemos que la fundación retome estos escritos que tenían una potencia única y su fallecimiento dejó trunca parcialmente”, sostuvo

Otro de los asistentes al homenaje póstumo fue el historiador chileno Nicolás Ponce. Su alocución estuvo enmarcada en la lucha que la filósofa indianista hizo fuera de las fronteras del país y aseveró que el mejor homenaje es mantener la coherencia entre palabra y acción. El homenaje culminó con un tradicional ‘apthapi’ (práctica ancestral donde se comparten alimentos) en el que los asistentes degustaron los productos que produce la madre tierra, mientras recordaban algunas anécdotas de aquella mujer que puso su sello a la lucha indianista con ese su espíritu de ternura cargado de rebeldía.

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