Johnny Fernández Rojas – En la cuestionada gestión, una desatinada obra

En la recta final de su cuestionada gestión, el alcalde Héctor Cartagena Chacón, sigue ensayando acciones que transitan entre la improvisación, los desatinos y fundamentalmente, la falta de seriedad en la administración municipal.
Tres años, de ejercicio del poder, en los que primaron notoriamente los desaciertos, los deslices y los traspiés. Como se dijo en algún momento “Cartagena da golpes de ciego al desarrollo de Quillacollo”, y al parecer, ello quedará como sello de esta gestión.
Se conoció acerca de la existencia del “Plan Territorial de Desarrollo Integral para Vivir Bien del Municipio de Quillacollo 2021-2025”, que serviría de algún modo para garantizar a mediano plazo, un futuro habitable para los quillacolleños, pero hasta la fecha ni siquiera se lo conoce, y según su título para el siguiente año del Bicentenario, se alcanzaría varios propósitos, sin embargo, este instrumento técnico del desarrollo, tiende a quedarse ahí nomas.
Para no menudear en recuentos de los desatinos ediles, sólo uno y de actualidad.
Con incredulidad y marcado asombro los quillacolleños observan, el empeño puesto por los funcionarios municipales, en la destrucción al paseo de la Av. Blanco Galindo. El alcalde intenta justificar el exabrupto: “para presentar una cara moderna a los visitantes en ocasión de la Festividad de Urkupiña”. Desatino que sólo puede ser admitido por ingenuos, y por la inocencia de los visitantes. Ante ello, los estantes y habitantes quillacolleños, sólo mueven la cabeza como expresión de censura y reproche por esa desatinada torpeza.
Precisamente esa área que la pretenden remodelar, estará cubierta, recubierta y encubierta antes, durante y después de la festividad de agosto, porque los mismos municipales, se ocupan afanosa y desesperadamente de promover su avasallamiento, con la arbitraria e irresponsable venta de sitios a los comerciantes y, a los que instalan las graderías, ellos resueltamente “sepultarán”, la remodelación es decir “quedará como la cara oculta de la luna”, por lo menos en esa ocasión.
Con los recursos económicos y el personal asignado para ese desafortunado trabajo, podría encararse la construcción de una apremiada obra e impostergable necesidad humana: un moderno y céntrico servicio sanitario y/o mingitorio, para el uso no sólo de los visitantes agostinos, sino de los turistas y los mismos quillacolleños, durante todo el año. Eso sí sería una real obra, y de pleno servicio para la población, en su funcionamiento, sobrarían recuerdos y principalmente, agradecimientos en cada uso que se haga de la misma, por el alivio y desahogo fisiológico provisto por el alcalde
Al respecto, hasta hace algunos años, existía a una cuadra de la Plaza “Bolívar” en la Calle “Gral. Pando”, un mingitorio público, hoy abandonado y probablemente desahuciado, que se asemejaría a una especie de símbolo de la actual gestión municipal, es decir: actitud contemplativa, manifiesta incapacidad y censurable negligencia.
En la etapa de la campaña electoral, el actual alcalde acuñó una frase “hechos y no palabras”, pero apenas tomó el mando del aparato municipal, él y su voluble entorno administrativo, se empeñaron y con notorio énfasis en invertir aceleradamente esa frase “palabras y no hechos”. Muestras sobran.
El matutino “Opinión” del 13 de marzo de 2021, publicó una entrevista al alcalde electo Cartagena, de la misma trascendió: peatonalización de la Plaza Bolívar, construcción de mercados en el norte, centro y sur, creación de la Universidad Metropolitana, creación de una empresa municipal de la basura, construcción de un hospital de tercer nivel (no de segundo), etc. etc. A la fecha, ni siquiera se “movió un dedo” para esas propuestas, consecuentemente, y a estas alturas de la gestión, solo quedaría, como se dijo en “palabras y no hechos”.
Mientras que los concejales municipales, se convirtieron en una especie de colonos del munícipe. Anodinos, con actitudes sosas e intrascendentes, pero inevitable y envidiablemente pagados, por los ciudadanos a través del erario municipal, esas inertes actitudes, se asemejan a la cotidianidad que experimentan, sólo los refugiados.
Aún queda tiempo, pero si ese lapso no sea utilizado con criterios de gestión, cimentada seriedad y fundamentalmente, con real planificación, la población volverá a “acullicarse” decepcionada de su presente y desalentada de su futuro, porque se volvió a equivocar.
Johnny Fernández Rojas es periodista y gestor cultural.

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